Stephenie Meyer, autora de Crepúsculo, insiste en que su famosa novela que trata el amor entre una joven mortal y un vampiro fue inspirada en un sueño que tuvo, en éste un joven físicamente hermoso, que brillaba a la luz del sol, le manifestaba a esta muchacha corriente, como cualquiera de nosotras, el lío de sus sentimientos, los cuales se debatían entre la necesidad y el ardor por su sangre y su afecto por ella; pero la verdad es, lector, que nunca he creído esta versión de cómo Stephenie Meyer concibió Crepúsculo…
…En mi opinión, el argumento de Crepúsculo pudo haber sido ideado por cualquier otro escritor con mucha imaginación, las cualidades románticas de Meyer y su inclinación por la obra de Jane Austen, pero especialmente, de acuerdo a mi percepción, por el trabajo de las hermanas Emily y Charlotte Brontë. Es así como Bella Swan pasa a ser una versión moderna de Jane Eyre y Edward Cullen de Edward Rochester, aunque hay muchos que piensan que el carismático vampiro no es un renovado Rochester sino un nuevo Heathcliff, de Cumbres Borrascosas, sin embargo yo me opongo a esta posición.
Cullen es descrito en la obra de Meyer como un joven enigmático, sombrío y ocupado en la salvación de su alma –a Heathcliff le importa muy poco el rescate de su alma–, aún cuando sostiene que un ser como él carece de ésta. Rochester es descrito por Charlotte Brontë de manera similar, solo que este clásico Edward tiene una condición de la que no goza Cullen, es mortal.
“¿Me parecía feo ahora Mr. Rochester? No, lector, la gratitud, unida a cuanto veía en él, todo bueno y genial, hacían que su rostro se me figurara lo más agradable del mundo. Su presencia en una habitación parecía alegrar y caldear la atmósfera mejor que el más brillante fuego. Ello no significaba que yo olvidase sus defectos, tanto más cuanto que los mostraba con frecuencia. Era orgulloso y sarcástico y, en mi interior, yo reconocía que su mucha amabilidad hacia mí estaba compensada por su mucha severidad hacia los demás. Estaba generalmente malhumorado. Con frecuencia, cuando me enviaba a buscar, le encontraba en la biblioteca, solo, con la cabeza apoyada sobre sus brazos cruzados. Y cuando la levantaba, un gesto melancólico, casi maligno, ensombrecía sus facciones. Pero yo creía que su mal humor, su aspereza y sus anteriores vicios -anteriores, porque ahora parecía haberlos corregido- eran el resultado de alguna injusticia con que el destino le abrumara. Yo entendía que, por naturaleza, Rochester era un hombre de buenas inclinaciones, elevados principios y delicados gestos, que las circunstancias, la educación y el destino habían desviado. Su pena, cualquiera que fuese, me apenaba a mí y hubiera dado cualquier cosa por poder mitigarla.”
En Luna Nueva, de Stephenie Meyer y segunda parte de Crepúsculo, un terrible incidente sucede en el hogar de los Cullen mientras celebraban el cumpleaños de Bella, ésta se corta un dedo cuando desenvolvía uno de sus regalos lo que desata en toda la familia el deseo por su sangre, especialmente en Jasper, quien todavía no logra dominar, como los demás, su sed. El “incidente” termina con la lucha entre Edward y Jasper y Bella herida, por accidente. Carlisle, médico y padre adoptivo del clan Cullen, se encarga de curarla, entretanto surge el siguiente testimonio:
“Edward solo comparte mi opinión hasta cierto punto. Para él, Dios y el cielo existen… al igual que el infierno. Pero no cree que haya vida después de la muerte para nosotros –Carlisle hablaba en voz muy baja. Su mirada se perdía a través de la ventana en el vacío, en la oscuridad–. Ya ves, él cree que hemos perdido el alma.
En ambas novelas, Crepúsculo y Jane Eyre, sus héroes están comprometidos con la búsqueda de esa resurrección propia, aunque sienten que no valen tal redención. En Crepúsculo, Edward Cullen se presenta renuente de merecer el cariño de Bella debido a que se siente maldito por su condición de vampiro. En Jane Eyre, Mr. Rochester mantiene un secreto que le oscurece el alma, sin embargo ve en Jane su vínculo para la salvación de ésta.
Ambos personajes, Edward Cullen y Mr. Rochester, actúan, a su manera, de un modo egoísta, pero siempre movidos por el mismo objeto: el amor.
A pesar del discurso de Stephenie Meyer, de pretender hacer pasar Crepúsculo como un asunto verdaderamente sobrenatural, envuelto en ese halo de misterio y magia, lo resaltante de la obra es su contenido romántico, la creación de un héroe de esta época (aunque chapado a la antigua) y sus influencias, después de todo lo relevante es sentir admiración por alguien y por algo y qué bueno que Meyer sienta tanta admiración por las hermanas Brontë.
Notas:
- La obra Jane Eyre, de Charlotte Brontë, no es mencionada en ninguna de las novelas de la saga Crepúsculo, como sí lo han sido algunas novelas de Jane Austen y Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights), de Emily Brontë, cuya influencia, de esta última, es notoria en Eclipse y Breaking Dawn (Amanecer), ambas de la saga Crepúsculo.
- Stephenie Meyer reconoció que el nombre de “Edward Cullen” fue inspirado en los personajes Mr. Rochester, de Jane Eyre, y Edmund, de Mansfield Park, de Jane Austen.

