viernes, 28 de diciembre de 2012

Persuasión (Resumen e Impresiones. Capítulos XI - XX)



En el capítulo XI se lleva a cabo uno de los momentos más importantes para el desarrollo de la novela Persuasión, de Jane Austen, se propone la visita a Lyme. El paseo a Lyme es relevante en el progreso de la novela porque de los hechos sucedidos acá dependerán los sentimientos del capitán y de Anne en el futuro.
El paseo a Lyme responde de la ausencia que había tenido el capitán Wentworth del círculo de amigos debido a una carta que había recibido del capitán Harville, amigo suyo, en la que le informaba que estaría estableciéndose, por el invierno, con su familia en Lyme. La corta visita del capitán y las vivencias que del paseo relató, motivó la excitación general del grupo por conocer Lyme.
Deciden visitar Lyme por día y medio, pero lo que esta, en principio, corta visita contempla será mucho más. El capitán Harville y esposa albergan, además de sus hijos, al capitán Benwick. El capitán Benwick había estado comprometido con Fanny, la hermana del capitán Harville, pero ésta había fallecido recientemente por lo que Benwick se presentaba muy ensimismado, retraído y adolorido.

El capitán Wentworth creía imposible que un hombre pudiera amar más a una mujer de lo que amó el pobre Benwick a Fanny Harville, o alguien que hubiera sido más profundamente afectado por la terrible realidad.

Pronto Anne encuentra en Benwick afinidad, esa lúgubre apariencia de Benwick le atrae en una forma fraternal, y a través del intercambio de conocimientos literarios se aproximan, Lord Byron y Mr Scott eran tema de conversación para ambos.

Y sin embargo -pensó Anne mientras iban al encuentro del grupo- no creo que sufra más que yo.

Mientras tanto continúan los coqueteos indefinidos del capitán Wentworth ya no con Henrietta sino con Louisa. Para Henrietta se determina, en el capítulo X de la obra, su afecto y preferencia por Charles Hayter, primo de la familia Musgrove, aprobado por Charles Musgrove pero desaprobado por Maria, quien lo consideraba de inferior cuna, pero de quien Henrrietta, no obstante, estaba prendada.

El drama, en esta parte del libro, sucede cuando en un paseo por Cobb, en Lyme, Louisa, estúpidamente cae de un risco y permanece inconsciente por varios días.

todos estu­vieron contentos de pasar rápida y quietamente bajo el escarpado risco, todos menos Luisa. Debió ser ayudada a saltar allí por el capitán Wentworth.
 


De aquí que el capitán Wentworth se sintiera culpable del estado inconsciente de Louisa. Anne, la única capaz de guardar la calma en mitad de la adversidad, resuelve enviar a alguien por un cirujano, este alguien resulta Benwick, mientras el capitán y los demás trasladan a la muchacha hasta la casa de los Harville. Se resuelve también que Louisa no puede regresar a casa en su estado, que mientras se recupera debe presentarse Henrietta, quien también había colapsado al ver a su hermana inconsciente y a cuyos cuidos Anne se dedicara. El capitán propone que Anne, voluntariosa e inteligente, se quede en Lyme para cuidar a Louisa pero Maria se ofende pues cuidar a Louisa, en falta de su propia hermana, le corresponde a ella y no a Anne. Entonces esa noche regresan a Uppercross, Henrietta, Anne y el capitán Wentworth pues éste quería, él mismo, participar lo sucedido a los padres de la joven.
En este punto de la novela parecen indiscutibles los sentimientos del capitán Wentworth por Louisa Musgrove, Anne, observando este afecto se siente nostálgica de no haber podido dar los cuidados que merecía Louisa en solicitud del capitán, Anne deseaba que Wentworth sintiera que ella era su amiga, siendo éste uno de los aspectos más solícitos y compasivos de Anne.

Anne jamás se había sometido de más mala gana a los celos y malos juicios de María, pero así debía hacerse.

Finalmente Anne se traslada a Bath, para este momento Louisa está de mejor salud, los Musgrove regresaron a Uppercross y el capitán Wentworth se había ausentado por diez días de Lyme. Algo que agobiaba a Anne en Bath era la continua residencia de Mrs Clay, amiga de Elizabeth. Mrs Clay era una mujer joven que, aunque no bien parecida, tenía todas las características de una cazafortunas, y esta Mrs Clay estaba perpetuada en la residencia de los Elliot, en Bath, desde el mes de septiembre, cuando el padre y la hija se habían instalado en la nueva residencia.
Durante su estadía en Bath, Anne había tropezado con un hombre fino, agradable y de buenos modales, que se había fijado en ella y del que se especulaba era Mr Elliot, su primo y heredero de Kellynch Hall. Como en otras novelas de Austen, sus protagonistas femeninas se ven en aprietos debido a la carencia de una figura masculina dentro del seno familiar; al no existir hermanos, la herencia de las propiedades es intransferible a las herederas y deben suceder al familiar hombre más cercano; en el caso de los Elliot, William Elliot era el heredero legal de Kellynch, quien también heredaría el título de barón de Sir Walter Elliot. Por esta razón, Sir Walter había tratado de unirle a Elizabeth en años anteriores, pero las esperanzas y relaciones de los Elliot con el joven se vieron interrumpidas cuando Mr Elliot se unió a otra joven adinerada de sociedad. Sin embargo ahora Mr Elliot era viudo. Desde Lyme se trasladó a Londres, luego a Bath, había reestablecido las relaciones con su tío y constantemente visitaba Candem Place, la residencia de los Elliot en Bath. Curiosamente, Mr Elliot es el único hombre, además del capitán Wentworth, por el que Anne se siente ligeramente inclinada.
La intriga sobre el estado de los sentimientos del capitán Wentworth y Louisa adquieren un nuevo giro cuando por una carta de Maria, Anne se entera que Louisa y el capitán Benwick se enamoraron durante la recuperación de ella en casa de los Harville en Lyme. Anne se sintió sorprendida como es de suponerse pero también emocionada, aunque hubiera parecido un sentimiento mezquino de acuerdo al afecto que suponía sentía el capitán Wentworth por Louisa.

Se podía concluir que si la mujer que había sido sensible a los méritos del capitán Wentworth podía preferir a otro hombre, nada debía ya sor­prender en el asunto. Y si el capitán Wentworth no había perdido por ello un amigo, nada había que lamentar. No, no era dolor lo que Ana sentía en el fondo de su corazón, a pesar de ella misma, y coloreaba sus mejillas el pensar que el capitán Wentworth seguía libre. Se avergonzaba de escu­driñar sus sentimientos. ¡Parecían ser de una gran­de e insensata alegría!

Finalmente, con esta noticia, el capitán Wentworth viaja a Bath. Si me toca escoger una parte favorita del libro sería ésta. Me encanta cuando el capitán viaja a Bath para buscar y resolver las cosas con Anne. Me encanta también que no sea sencillo para él reconciliarse con ella porque me indigna cuando al inicio del libro, él, aunque siempre teniendo detalles con ella, la pone ya no en segundo sino en último plano. Sin embargo se debe comprender que solo se trata del orgullo herido de un hombre enamorado.
Anne y el capitán se encuentran fortuitamente por primera vez en Bath. Anne estaba acompañada de su hermana, Mr Elliot y la señora Clay, en una tarde lluviosa, cuando se tropieza con él.

Se sintió visiblemente turbado y confundido al verla, mucho más de lo que ella observara en otras ocasiones. Se sonrojó de arriba abajo. Por primera vez desde que habían vuelto a encontrar­se, se sintió más dueña de sí misma que él. Es verdad que tenía la ventaja de haberlo visto antes. Todos los poderosos, ciegos, azorados efectos de una gran sorpresa pudieron notarse en él. ¡Pero ella también sufría! Los sentimientos de Ana eran de agitación, dolor, placer..., algo entre dicha y desesperación.

En un gesto de completa cortesía romántica, debido a que Anne regresaría a casa bajo la lluvia, el capitán Wentworth le presta su paraguas. Continuando con el conteo de momentos favoritos de esta novela, si tuviera que escoger el momento de este libro, sería la noche del concierto cuando Anne se acerca para hablar con él.

Después de hablar del tiempo, de Bath y del concierto, su conversación comenzó a languide­cer, y tan poco podían ya decirse, que ella espera­ba que él se fuera de un momento a otro. Pero no lo hacía; parecía no tener prisa en dejarla

Durante la conversación, el capitán expone sus sentimientos sobre el compromiso de Benwick y Louisa, los cuales no son nada rencorosos.

Confieso creer que hay cierta disparidad, me­jor dicho una gran disparidad, y en algo que es más esencial que el carácter. Considero a Louisa Musgrove una joven agradable, dulce y nada ton­ta, pero Benwick es mucho más. Es un hombre inteligente, instruido, y confieso que me sorpren­dió un poco que se enamorase de ella. Si éste fue efecto de la gratitud; que él la haya amado porque creyó ser preferido por ella, es otra cosa muy distinta. Pero no tengo razón para imaginar nada. Parece, por el contrario, haber sido un sentimiento genuino y espontáneo de parte de él, y esto me sorprende. ¡Un hombre como él y en la situación en que se encontraba! ¡Con el corazón herido, casi hecho pedazos! Fanny Har­ville era una mujer superior, y el amor que por ella sentía era verdadero amor. ¡Un hombre no puede olvidar el amor de una mujer así! No debe... no puede.

Con esta última aseveración, básicamente le expone a Anne sus sentimientos. Nunca habría podido enamorarse de Louisa Musgrove porque antes la había amado a ella, una mujer superior.

Anne no vio nada, no pensó nada del lujo del salón; su felicidad era interior. Sus ojos refulgían y sus mejillas estaban animadas, pero ella no lo sabía. Pensaba solamente en la última media hora y mientras ocupaban sus asientos, en su pensa­miento repasaba los detalles. La elección del tema de conversación, sus expresiones, y más aún sus gestos y su fisonomía eran algo que ella podía ver sólo de una manera. Su opinión acerca de la inferioridad de Luisa Musgrove, opinión que pa­recía haber dado con gusto, su asombro ante los sentimientos del capitán Benwick, los sentimien­tos de éste por su primer y fuerte amor -las frases dejadas sin terminar-, su mirada algo es­quiva, y más de una rápida y furtiva mirada, todo aquello hablaba de que al fin volvía a ella; el enfado, el resentimiento, el deseo de evitar su compañía habían desaparecido. Y sus sentimien­tos no eran simplemente amistosos; tenían la ter­nura del pasado; sí, algo había en ellos de la antigua ternura. El cambio no podía significar otra cosa. Debía amarla.


Citas memorables:
¡Un hombre no puede olvidar el amor de una mujer así! No debe... no puede. –El capitán Wentworth.

3 comentarios:

  1. Este libro me encantó, Jane Austen supo jugar con las emociones humanas de una forma atrayente. Gracias por tu reseña.

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  2. https://librosyotrascosas.wordpress.com/2014/11/07/reflexion-del-capitan-harville-y-ana-en-persuasion/

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  3. En esta entrada hablan tambien de Persuasion, sobretodo analizan a Ana
    https://librosyotrascosas.wordpress.com/2014/11/15/persuasion-la-falsa-pasividad-de-ana/

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